lunes, 21 de enero de 2008

NOSTALGIA Y AMARGURA


Unos 15 millones de alemanes fueron expulsados desde el Este de Europa despues de la Segunda Guerra Mundial. Hoy algunos de ellos reclaman sus casas.
Pudo haber sido un extraño encuentro. Pero cuando Brigitte Witzke regreso con su marido, por primera vez en 60 años, a la granja donde vivio siendo una niña, todo resulto muy sencillo.
En Enero de 1945 la señora Witke fue obligada a dejar su casa en el pueblo aleman de Arnsfelde. La guerra estaba casi acabada y el Ejercito Rojo avanzaba hacia el Oeste, engullendo los bosques de pinos y los lagos donde ella habia crecido.
Los soldados alemanes ordenaron a todos los habitantes de Arnsfelde que abandonaran la ciudad, les dijeron que podrian volver en un par de semanas.
Pero la historia no acabo asi. Cuando los victoriosos Aliados redibujaron las fronteras orientales de Alemania, Arnsfelde quedo en lado polaco. Poco despues le cambiarian el nombre por el de Gostomia. Tres años despues de que la señora Witzke abandonara la granja en la parte de atras de una carreta y con un metro de nieve, un polaco, Szyldovsk Janini, se instalo en ella. Cuando la señora Witzke y el señor Janini se encontraron, no hubo amargura, mas bien un problema de "etiqueta". ¿Como se saluda a alguien que, aunque sea de forma inadvertida, te ha quitado tu casa?. La señora Witzke, ahora con 69 años, sale del taxi polaco y da a la señora Janini un intento de abrazo.
Trae un regalo para sus "anfitriones", una caja de caramelos de cafe "Jacobs" (muy conocidos en Alemania). La señora Janini, de 79 años, la invita a entrar en su antigua casa. "Aqui guardabamos los caballos y las gallinas", dice la señora Witzke, ojeando el interior de una de las dependencias de la granja. Las mujeres hablan durante unos diez minutos. Despues la señora Witzke pregunta educadamente, "¿Podremos volver de nuevo?".
Desde que Polonia paso a formar parte de la Union Europea los encuentros entre alemanes y polacos, entre expulsados y ocupantes, son cada vez mas frecuentes. Lo hacen principalmene por nostalgia, pero tambien por politica. La señora Witzke es una de los quince millones de "alemanes etnicos" que fueron obligados a dejar sus hogares tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y la derrota del Tercer Reich.
Los "Vertriebene", los expulsados, fueron desalojados de zonas del centro y del Este de Europa como Prusia Oriental y Occidental, ahora polacas, de los Sudetes, ahora checoslovacos, de Königsberg, ahora rusa y de Memel ahora lituana. Pero no todos pudieron refugiarse en, la mucho mas pequeña, Alemania. Tres millones murieron en el camino. Desde entonces, muchos "Vertriebene" han alimentado un gran resentimiento ya que su sufrimiento nunca ha sido plenamente reconocido, debido, segun ellos, a la obligacion por parte de Alemania de expiar los "pecados" cometidos durante la guerra.
La incorporacion de Polonia a la Union Europea ha servido tambien para despertar viejos temores. El gobierno de Varsovia aun permanece ansioso ante la posibilidad de que una Alemania poderosa pueda explotar su posicion de privilegio dentro de la Union europea para intentar recuperar las tierra y propiedades perdidas en 1945. Pero la señora Witzke dice que no quiere ya recuperar la vieja granja familiar; "Nosotros somos muy viejos y nuestros hijos ya tienen sus propias casas en el Oeste". Y por el otro lado, la señora Janini, nos cuenta que realmente no esta preocupada por lo que suceda con la granja ya que tambien es anciana; "Realmente no pienso en eso, soy ya muy vieja y en unos pocos años ya me habre ido".
Pero el pasado rara vez se presenta claro y nitido en esta parte de Europa, donde guerra, memoria e idelogia convergen y se difuminan a lo largo de los viejos caminos prusianos bordeados de robles.
El señor Janini nos dice que el colaboro con los alemanes durante la guerra. Que lucho con ellos y que llego a sufrir un agudo congelamiento, que casi le cuesta la vida, durante el asedio a Leningrado. Tambien muchos polacos fueron expulsados de las zonas del Este de Polonia que los Aliados cedieron a Rusia.
Al principio los alemanes habian desalojado a miles de granjeros polacos y ucranianos para hacer sitio a sus propios granjeros. Al final, el Frente del Este colapso muchos antes de que la mayoria de los granjeros alemanes hubieran llegado a instalarse. El sufrimiento de polacos y ucranianos a manos de la Wehrmatch y del Ejercito Rojo fue evidente y terrible.
Pero mientras la señora Witkze se conforma con dejar que los recuerdos permanezcan en la memoria, otro expulsados, no. Alois Manthey, de 68 años, tambien fue expulsado de Arnsfelde. Siendo niño vivia en una finca en los limites del pueblo, y ahora, a veces viaja con una agencia de viajes especializada en llevar a ancianos alemanes en tours por la desaparecida Prusia. Y tiene perfectamente claro quien fue el culpable de la desgraciada suerte de los "Vertriebene": Winston Churchill.
"Churchill fue el jefe de los malvados. Fue el responsable de nuestra expulsion, permitio que Stalin tomara el control de Europa". Comenta el señor Manthey. "No se puede culpar a "Adolf" de todo. Churchill buscaba la destruccion de Alemania". El señor Manthey acusa a los ingleses y a los otros vencedores de la 1ª Guerra Mundial de imponerle a Alemania unas condiciones injustas, destruyendo la economia alemana y pavimentando el camino que llevo a Hitler y al Nacionalsocialismo al poder, ademas de haber bombardeado docenas de ciudades alemanas, como Dresden, sin ninguna razon.
El señor Manthey guarda un amargo recuerdo de su propia expulsion. En Noviembre de 1945, su padre Paul fue asesinado por un polaco mientras conducia su carro cerca del pueblo. Y no oculta que desea que su antigüa casa le sea devuelta. "Es mia", afirma. Mantiene una tensa relacion con la pareja de ancianos polacos que ahora viven alli. "Lo que nosotros queremos es que se reconozca el sufrimiento de todas las victimas de la 2ª Guerra Mundial", dice el señor Manthey, "No solo de los judios, tambien de los alemanes".
No es de extrañar que algunos polacos encuentren que los puntos de vista del señor Mathey son muy provocativos. Su ultima visita a Gostomia la hizo en un Mercedes, en su parachoques trasero una pegatina con el escudo de Prusia y el aguila imperial alemana. Casi siempre viaja solo, escuchando musica popular alemana, incluso el "Deutschland Über Alles", la parte del himno nacional aleman prohibida despues de la guerra. Orgullosamente señala el rojizo "ladrillo prusiano" de las casas que no fueron destruidas durante la guerra. Y de vez en cuando, tambien se encuentra con las fantasmagoricas huellas que dejaron los alemanes que una vez vivieron aqui, y que cada vez son mas dificiles de encontrar.
Conduciendo a traves de un bosque sombrio, enmoquetado de altramuces azules se emerge a unos prados soleados, vamos a la busca de la casa de una tia del señor Manthey. Cuando llegamos, apenas encontramos algo mas aparte de los cimientos. El señor Manthey y su primo Anton Stenzel, de 64 años, regresan a Alemania con un par de ladrillos como recuerdo. Y segun las leyes polacas, eso es lo mas lejos que el señor Manthey, o cualquier aleman, podra llegar en su lucha legal por recuperar sus propiedades. La "Bund der Vertriebenen", la Federacion de los Expulsados, de la cual el señor Manthey es uno de sus lideres, ha iniciado un proceso legal a traves de la Corte Europea de Estrasburgo, para intentar recuperar unas 30.000 propiedades "ilegalmente confiscadas" en Polonia. Mientras tanto, los polacos han aprobado una ley que prohibe a un aleman comprar mas de una hectarea de terreno en su pais. E incluso han amenazado con iniciar un proceso judicial para exigir reparaciones de guerra por los daños causados por los ejercitos alemanes durante la guerra. De todos modos, las leyes sobre la propiedad en Polonia no estan del todo claras, puede que incluso fueran redactadas de ese modo de forma deliberada. "No estamos preocupados por que los alemanes compren propiedades aqui", dice Eugenius Wilczynski, alto cargo publico en la ciudad de Walcz, la principal ciudad de la region, a unos doce kilometros de Gostomia, "no pensamos que eso sea un gran problema", y "si la gente quiere comprar tierra hay un monton de ella disponible en la antigua Alemania Oriental".
Pero la relacion entre los polacos y los "Vertriebene" son mas amistosas de lo que pudiera parecer. Muchos alemanes visitan sus antigüas ciudades todos los años, manteniendo una sorprendente amistad con los polacos. Un grupo de alemanes de la antigüa Arnsfelde, es invitado al festival anual que se celebra en la moderna Gostomia. En uno de esos festivales el señor Manthey aprovecho para colocar una lapida de piedra en recuerdo de su padre asesinado, en el cementerio local. En el, las tumbas de los catolicos polacos estan bien cuidadas, mientras que las de los protestantes alemanes, estan cubiertas por la hierba.
Muchos "Vertriebene" parecen haber llegado a una especia de acuerdo con su pasado. Mas alla de la naturaleza sentimental de un viaje de vuelta a la "Heimat", tal y como los "Vertriebene"denominan a su patria perdida, tambien se encuentra el reconocimiento de que han reconstruido sus vidas en la nueva Alemania, posiblemente mejor de lo que lo pudieran haber hecho en la tierra de sus antepasados despues de la guerra.

1 comentario:

Nacho Zaragoza dijo...

Buen artículo. Gracias.